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Un baño de leche

No puedo decir que tenga una mente reprimida. Tampoco que sea convencional sexualmente. Pero hacía menos de tres meses que había salido de una relación de más de 13 años. Ni que decir tiene que eso pasa factura a nivel de relacionarse y experimentar. Si es cierto que de vez en cuando solíamos hacer tríos, aunque en la gran mayoría de ocasiones resultaban algo decepcionantes. Teniendo en cuenta que la complicidad sexual entre mi pareja y yo era inigualable, no era fácil que un extraño se uniese al juego en igualdad de condiciones y más teniendo en cuenta que siempre lo hacíamos en nuestra casa, lo que añadía para el invitado el problema de no encontrarse en un ambiente conocido para él.

No en la relación, pero si en el ámbito sexual habíamos asumido un rol cada uno. Nos gustaba el juego de la sumisión. Yo era el amo y el mi sumiso. Lo pasábamos en grande realmente.

Una sola vez fuimos a un sex shop para meternos en el cuarto oscuro. Aunque terminamos follándonos entre otro y yo a mi marido, la sensación que tuve fue muy desagradable. Era muy lúgubre, poco higiénico y realmente cutre.

Desde que nos separamos mis relaciones sexuales podría definirlas como lamentables. Rara vez conseguía contactar con muchos que me dieran morbo y si alguno lo hacía luego me sentía decepcionado. Por decirlo claramente. Eran unos polvos de lo más pobres.

Hecha esta pequeña introducción paso a relatar lo que para mí fue una de las experiencias sexuales más excitantes e inesperadas que he tenido hasta ahora.

El día en cuestión yo había ido a Barcelona por temas de trabajo. Mis reuniones terminaron antes de lo previsto y a medio día ya estaba listo. En vez de volverme a casa decidí ir a pasar la tarde al Ensanche. Era una buena oportunidad para poder follar con alguien que ya no tuviese más que visto en mi zona en todas las aplicaciones en las que tenía perfil. Mientras comía en restaurante las abrí todas para ver todos los que estuvieran cerca con la esperanza de echar un buen polvo. Más de lo mismo. “Hoy no puedo”, “no tengo sitio”, “hasta la noche no puedo”, etc etc. Como tampoco la mañana había sido lo gratificante que habría deseado decidí no perder el tiempo e irme a casa. Había dejado el coche en la calle Calabria.  De camino a buscarlo  pase por delante de un local que me llamo la atención. Boyberry. Soy bastante directo para ligar online pero muy torpe y tímido para hacerlo en persona. Di por hecho que sería una sala sinuosa y poco estimulante para mí. Además pensé que encontraría mucha gente mayor. Aclaro que me suelen gustar más jóvenes que yo. Solo entrar pude darme cuenta que no tenía nada que ver con lo que había imaginado. Era un local amplio y a simple vista ideal además de limpio. Luego pude ver que además de la zona para sexo explícito había otras opciones como bar, tienda, sala ciber, y por supuesto una amplia zona de cabinas y cruising.

Evito describir los detalles de mi entrada ya que hacía tiempo que no pasaba tanta vergüenza. Lo resumo diciendo que me sentí totalmente observado y eso no me gustaba nada. Decidí ir al bar y pedirme una cerveza. Ya solo tenía dos opciones. Terminármela e irme o explorar el local. Afortunadamente opte por lo segundo. Había más tíos jóvenes de los que habría podido imaginar. Algunos tenían unos cuerpazos de infarto. La verdad es que me excite pensando que tal vez encontraría a alguno algo sumiso que yo le gustase. No tarde en fijarme en uno que no dejaba de mirarme claramente invitándome a acercarme a él. Guapo, definido, bronceado, buen culo y por lo que se podía intuir buen paquete. No me lo pensé más. Ahí estaba mi polvo y yo estaba dispuesto a partirle el culo. Me fui hacia él.

Yo: ¿Qué tal?

El: Bien, aquí esperando que llegara uno como tú. – Me dio subidón.

Yo: ¿Ah sí?, pues para que vamos a esperar. Vamos a una cabina.

Se dirigió a entrar en una de ellas y yo le seguí. Diosss! Tenía un culo perfecto. Me lo quería follar a saco. Entramos y se giró. Al llegar a él directamente me puso la mano en el paquete para palparme la polla que evidentemente ya tenía empalmada. Yo hice lo mismo con él. Si la mía estaba dura la sura era puro acero, y por lo que palpe, de una medida considerable. Sin duda quería ir al grano porque rápidamente se desato el cinturón y se bajó el pantalón. No había duda. Tenía un rabo que te cagas. Grande, grueso y un capullo bien gordo. Yo hice lo mismo con la intención de ponerlo chupar mi polla de inmediato. Claramente me equivoque en mi propósito.

Sin darme cuenta apenas me agarro de los hombros y me puso de rodillas. En décimas de segundo era yo el que tenía su polla en mi boca hasta los huevos. Me dio una arcada pero no pareció importarle lo más mínimo. Empezó a follármela metiéndome su pollaza hasta la garganta una y otra vez. Yo no podía reaccionar. -Venga traga polla.  Me gustan los papis bien putas como tú- dijo. Me excito tanto oír eso que puse sus manos en su culo para hacerlo empujar más fuerte aún. Uffff. Era un culo duro. Lo atraje con fuerza hacia mí para k me la metiera a saco. En un momento pase de ser Amo durante largo tiempo a ser la puta. No me importo. Es más, me encantó la idea.

Se sentó al filo de una silla y me dijo – ¡Ven aquí zorra. Sigue comiéndome la polla!- Estuve encantado de obedecerle. Me puse de rodillas en el suelo y me puse a mamar como un loco.

No tarde en sentir que alguien empezaba a acariciarme el culo. Entonces recordé que no habíamos cerrado la puerta. La verdad que no me importo, más bien me puso aún mucho más cachondo. Las manos que me acariciaban las nalgas de pronto se aferraron fuerte. Me levantaron el culo. Note como el tío me escupía en el culo. Empezó a refregarme su saliva con un dedo a la vez que lo iba metiendo y sacando. De repente lo que estaba entrando en mi culo ya no era su dedo, era su polla. Apenas había dilatado y el muy cabrón empujo hasta que note su pubis golpear contra mis nalgas. Al mismo tiempo el chico que se la estaba mamando me agarro la cabeza presionando fuerte para metérmela entera en la boca. Luego los dos empezaron a follarme fuerte, el culo me dolía pero resistirme habría sido inútil. Estaba siendo empalado por dos pollas hasta el punto que casi habrían podido tocarse esos dos rabos dentro de mí. Note que el chico que me estaba dando de mamar hacia un gesto con la mano como invitando a entrar más gente a la cabina. – Ya están aquí mis amigos. Ahora vas a ser la puta de todos cabrón- Joderrrr. No sabía cuantos más habían. Francamente me importaba una mierda. Estaba disfrutando como pocas veces.

Pasado un rato, la polla que me empalaba por el culo salió y dejo paso a otra que note mucho más grande. Igualmente me la clavo de un solo golpe, y sin mediar empezó a sacudirme pollazos reventándome el culo. Después ya no pude distinguir los tamaños de los rabos que me petaron. Incluso llegaron a meterme dos a la vez. Podía oír a los demás que esperaban su turno susurrar. No podía entenderlo todo pero si algunas cosas como “joder que follada tiene el cabrón”, “lo voy a destrozar a pollazos” y más cosas por el estilo. Entonces el chico que me estaba insertando la polla en la garganta dijo: – ¡Venga chicos. Vamos a petar bien a mi puta. Quiero que la preñéis todos. La boca y el culo, donde os saga de los cojones. Vamos a dejarla bien rellena de leche!-.

Valla si lo hicieron. Me follaron uno tras otro turnándose mi culo y mi boca. Serían 7 u 8 al menos, no podría decirlo. Cuando alguno de ellos soltaba sus chorros de lefa en mi boca oía decir al que hacía de Amo: -Venga, ahora tu métesela en la boca que se tenga que tragar la leche-. Y así era. Trague tanta lefa que podría haber llenado un vaso. Lo mismo puedo decir de mi culo, de lo preñado que me lo dejaron a cada empotrada que me metían sentía la leche salir y resbalar por mis muslos. No sé ni cuánto tiempo estuvieron follándome, ni cuantas veces me preño cada uno.

¿Os preguntareis como me sentí después? Os lo aclaro: ¡Nunca más fui Amo. Ahora soy una GRAN PUTA!

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