Loader

Otros relatos

Sábado noche en el Boyberry

Camino por la Gran Vía sumergido en mis pensamientos, decido no prestar atención a la muchedumbre que llena la calle, hombres, mujeres, mayores, jóvenes, y algún policía que logra sacarme momentáneamente de mi ensoñación con su culo apretado en sus pantalones oscuros. Durante el trayecto no dejo de pensar en que llevo ya dos semanas sin follar y siento que mis huevos van a explotar, necesito un culo que perforar y una polla que exprimir hasta dejarla seca y sin leche. Pollas blancas, pollas negras, latinas, asiáticas, pollas con prepucio con el que jugar o con el capullo al descubierto, pero sobretodo pollas rellenas de lefa que sacien mi sed.

Mientras pienso noto el tirón en mis pantalones y me doy cuenta de que estoy empalmado y chorreando presemen, manchando mi suspensorio, siento como mi propio cipote me exige un culo en el que enterrarlo hasta los huevos. Mi pene no es nada especial, 18cm, venoso, de capullo gordo y rosado, depilado, con buenas pelotas que cuelgan libres y dejan claro a todo el que las ve que tienen que beberse hasta la última gota de mi zumo personal. Lo que es seguro es que, a mis 32 años, mis huevos y mis pectorales me han permitido saborear a más hombres de los que puedo contar. No tengo un cuerpo demasiado marcado, pero tengo la suerte de tener unos brazos grandes y musculados y unos pectorales amplios que me dan un aspecto masculino y dominante y me han abierto el camino hacia más de un culo.

Sin darme cuenta he llegado al Boyberry, sus luces verdes y dos chicos hablando en la entrada me dan la bienvenida al lugar, mientras entro miro con descaro a los chicos de la entrada, dejándoles claro sin palabras que no saldrán de ahí hasta que haya plantado mi semilla muy dentro de ellos. Pero lo primero es lo primero, y lo primero es una buena cerveza. En la barra entrego mi chaqueta y mi jersey al camarero y pido mi cerveza, al tiempo que me la bebo echo un vistazo al ambiente y comienzo a buscar las pollas que voy a exprimir, localizo a un par de tíos, parecen los típicos colegas de bar, entre 30 y 40 años, bebiendo y riendo sin percatarse de mi mirada, apunto sus caras mentalmente y sigo buscando. Encuentro a un chico negro, alrededor de 1,90m no muy corpulento pero fibrado, se lava las manos en el baño y me quedo con su cara también para explorarlo después.  Sigo observando algunos minutos más los diferentes hombres de la zona del bar pero noto mi polla dura y concluyo que ha llegado el momento de empezar. Termino mi cerveza, la dejo sobre la barra y bajo a cazar.

En la zona del cine porno hay varios chicos sentados, morreándose y masturbándose mientras varios más se pajean alrededor disfrutando del espectáculo. Sigo mi camino y llego a la zona de las cabinas, noto los ojos lascivos de los hombres follándome con la mirada y solo consiguen que me empalme más y más. Veo como un chaval joven y delgado sale de una de las cabinas con cara de orgullo y decido acercarme, dentro, otro chico, de unos 24 o 25 años, depilado y de pelo rosa se limpia su culo todavía abierto y trata de ponerse los pantalones. De repente se da cuenta de que estoy ahí, bloqueando la salida, con la polla fuera, dura y babeante y un enorme brillo lascivo en la mirada.

-¿Qué tal?- pregunto.

-…- el chico no sabe que decir, simplemente me mira con los ojos como platos tratando de asimilar la situación.

-He visto que tu amiguito ha quedado muy contento con el servicio y me preguntaba si tu culo aguantaría una follada de verdad-.

-Yo…no sé…- me mira la polla sin cambiar su expresión de asombro y noto como su pene se empalma y parece a punto de reventar.

-Tomaré eso como un sí- cierro la puerta tras de mí y me acerco al inmóvil chaval, – de rodillas, ahora- se arrodilla y empieza a mamar como si mi polla fuera la fuente de la eterna juventud, aprieto su cabeza contra mi polla hasta que toca mis pelotas con su barbilla,

-Buen chico- le digo.

Meto mis dedos en su culo abierto y noto el semen del chico de antes, -así que te va al natural ¿no?, pues prepárate para quedar embarazado-. Lo pongo de pie y comenzamos a morrearnos, follo su boca con mi lengua como si quisiera lamer mi propio sabor, el chaval se pone rojo y su polla empieza a gotear presemen como si fuera a follar algo de verdad, le doy la vuelta y lo echo para adelante, me agacho y entierro mi cara bien a fondo en su culo abierto y palpitante, uso mi lengua para recorrer hasta el último milímetro de su sabroso agujero. Es entonces cuando me levanto, apunto con mi polla y con un empujón le meto toda mi carne dentro.

-Ahhh…- se oye.

El pobre chaval empieza a correrse como un loco, su lefa choca contra la pared y el suelo hasta mancharse por completo los pantalones.

-Esto solo acaba de empezar- le digo al oído.

Cojo su suspensorio, lo restriego por mis huevos sudorosos, le escupo y se lo meto en la boca, lo agarro por los hombros y lo embisto con fuerza, golpe tras golpe, gruñido tras gruñido, mi polla se adentra en su culo y mis pelotas chocan contra las suyas como si lo quisieran castigar. El chico gime con fuerza, se le ponen los ojos en blanco y no puedo evitar morrearlo aún con el suspensorio en la boca. Tras media hora follando decido darle mi regalo y lo agarro de las caderas.

-Felicidades, aquí tienes tu premio…ughh- en una gran embestida empiezo a correrme y mi leche se adentra por todo su cuerpo inundándolo de mi esencia.

El chico da un pequeño grito y empieza a correrse otra vez, le tiemblan las piernas y tiene la mirada perdida. Me subo los pantalones, le doy un beso en la mejilla y decido seguir mi noche, él se queda exhausto y le pregunto

-¿Cierro la puerta?- me mira, sonríe y niega con la cabeza. Suelto una sonrisa socarrona y dejo la puerta abierta.

Ni mucho menos satisfecho, busco mi siguiente presa; al fondo vislumbro al chico negro dando de mamar a dos tíos que no se pueden creer la suerte que tienen, incluso desde lejos se puede ver que el negro tenía por lo menos 21cm. Decido acercarme y probar suerte yo también, me pongo al lado de él y me saco la polla morcillona, al poco uno de los dos mamones se da cuenta de mi polla y comienza a comerla con ansia, yo aprovecho para tocarle el culo al chico negro y noto lo que me esperaba, poco culo y muy cerrado, casi virgen diría; para muchos esto sería la lotería, pero yo soy de los que disfrutan de un buen culo bien abierto, él me sonríe y mete toda su mano por mis pantalones, introduciendo dos dedos enteros en mi culo.

-Así que eso es lo que quieres ¿eh? – le digo, él saca una amplia sonrisa.

-Muy bien, tienes buen rabo, vamos a ver si eres capaz de usarlo- le cojo la polla y meto la cabeza en mi culo.

Él, aceptando mi reto, me coge de la cintura y me embiste con fuerza.

-¡Gasp!- emito un gemido de sorpresa antes  de agarrarle del culo y decirle

-¿Eso es todo lo que tienes?- el chico sonríe y me folla más y más fuerte

Los dos mamones desconcertados están a punto de irse pero antes de que puedan reaccionar entierro la cara de uno en mi polla y al otro  lo pongo a comer el culo apretado del semental de color. Empiezan a comer con ahínco, mientras el cabrón me folla como si quisiera destrozarme, noto su enorme tubo de carne recorriendo mi interior, reclamando cada centímetro de mi cuerpo y golpeando mi próstata con fuerza, a modo de castigo. Los minutos pasan y una muchedumbre llena de vicio se forma a nuestro alrededor, los hombres se pajean y se follan entre sí, el olor a sexo inunda la estancia y los pobres camareros sufren para poder recoger las bebidas vacías.

Él me morrea y nuestras salivas se mezclan al tiempo que nuestras lenguas hacen el amor, de repente el negro empieza a resoplar y siento su polla hincharse, no tardará en llenarme así que agarro la cabeza de mi mamón y le follo la boca  con fuerza, al minuto siento los trallazos de leche caliente dentro de mí y empiezo a llenar la garganta del mamón con mi propio jugo.

-Ahhgg, ufff, ohhh, ugghh…- los hombres que nos rodean empiezan a correrse y a recoger la leche de sus compañeros como si fuera un crimen que una gota se derramase.

Dejo al negro con los dos mamones que siguen trabajando incansable para darle placer, nos sonreímos y nos despedimos al tiempo que su lefa todavía caliente se acomoda dentro de mí. Paso al lado del pasivazo del principio y me doy cuenta de que se lo están follando dos hombres, mediana edad, robustos y peludos, no puedo evitar divertirme al pensar que creía que él era el inocente, y resulta que es un cerdo más vicioso que yo.

Pido otra cerveza y noto que los amigos que hablaban antes en el bar ya no están, rápidamente comienzo a buscarlos por todo el local, me he propuesto follarlos y me jodería mucho tener que volverme sin conseguirlo. Por fin los encuentro en el cine porno, sentados en un sofá y buscando hombres que les coman la polla, me extraña ver que no se tocan entre ellos, apenas se miran, tan juntos y tan distantes. Pero ni corto ni perezoso decido darles lo que quieren, me acerco sin decir nada y les agarro los paquetes, sonríen nerviosos, se abren los pantalones y dejan al descubierto dos pollas peludas, unos 16 cm la más modesta y 18 la más grande, comienzo a comerlas por turnos, saboreándolas como si fueran mi helado favorito, pero cuando trato de comérmelas a la vez, se separan casi instintivamente, parece que se niegan a que sus cuerpos se toquen.

En ese momento entiendo lo que pasa, por qué están nerviosos, por qué no se tocan, por qué casi ni se miran, y decido ejecutar un pequeño plan. Los pongo de pie con la excusa de chupárselas mejor y comienzo a comerme esas pollas con ganas, recorro sus capullos húmedos con mi lengua, agarro sus huevos y los masajeo mientras me voy metiendo una y otra hasta la garganta, sueltan cada vez más y más presemen y sus pollas se hinchan como si fueran a explotar. En ese momento agarro el culo de los dos y les doy un pequeño empujón, ellos caen encima del otro y acaban besándose “por accidente”, tras un segundo de sorpresa empiezan a morrearse con pasión, desesperados, se rodean con los brazos y restriegan sus pollas. Los dos cabrones se habían olvidado ya de mí y estaban profundamente enfrascados en degustarse mutuamente, sus manos aprietan sus cuerpos como si estuviesen aterrados de que pudieran separarse.

Decido entonces levantarme y alejarme tranquilamente, no he conseguido ese polvo, pero esta noche nace una nueva parejita feliz.

Son las 3:00h de la mañana y estoy cansado, pero no quiero volver sin descargar al menos una vez más. En la zona de los glory holes encuentro a los dos chicos que me dieron la bienvenida al bar al principio de la noche, entre 21 y 24 años, delgados, depilados, y de pelo negro, uno latino y otro caucásico. Parece que están como yo, buscando un buen polvo antes de volver a casa.

Me pongo delante de ellos

-Hola- les digo

-Ho-hola- me dicen un poco sorprendidos

Se acabaron las palabras, me saco la polla, otra vez dura, y entienden en seguida qué es lo que quiero, tras un momento de duda empiezan a masturbarme y se me acercan como pidiéndome que los bese, tranquilamente nos vamos morreando por turnos al tiempo que aprovecho para explorar sus deliciosos culos con mis dedos. Uno, dos, y hasta tres dedos les caben a cada uno sin mucho esfuerzo, “estas putas han pasado tan buena noche como yo”, pienso. Les bajo los pantaloncitos apretados y comienzo a comerme sus culos con hambre mientras se besan con cariño, primero uno y luego otro, saboreo los restos de lefa que llevan dentro y eso solo consigue ponerme más cerdo todavía.

Ya no aguanto más y pongo a uno a cuatro patas y al otro de pie dándome la espalda, empotro a uno con fuerza mientras sigo saboreando el agujero de su amigo, le aprieto la barriga al cabrón intentando que salga así todavía más lefa de su interior y devoro con ganas su delicioso culo, los cachetes blandos y depilados y el ano abierto, caliente y húmedo, soy adicto a esta sensación. Los dos gimen y sus pollas chorrean líquido preseminal, recuerdo la promesa que hice al empezar la noche, que esos cabrones viciosos “no saldrán de ahí hasta que haya plantado mi semilla muy dentro de ellos”. Este es el momento de cumplir la mitad de mi promesa, subo el ritmo de mis caderas y agarro del pelo al cerdito de abajo para que no se escape de mi polla, lo embisto furioso mientras gime más y más, entonces comienzo a preñarlo con todas mis fuerzas, quiero que me leche llegue muy dentro, quiero que recorra todo su interior, quiero que le llene por dentro y le llegue hasta la garganta;

-Ahhhh- él comienza a gritar y correrse sin control y todo su cuerpo empieza a temblar.

Al cabo de un minuto lo dejo caer y se queda tumbado sobre el suelo con el culo en pompa.

-No cantes victoria todavía- le digo mientras le doy la vuelta

Lo pongo boca arriba y le pajeo un poco, en seguida su polla se pone dura otra vez, él sigue cansado y confundido pero pronto entiende qué quiero de él. Sin perder el tiempo me siento sobre su polla y me la meto de una sola vez, él intenta apartarme un poco pero a estas alturas es esclavo de su cipote. Cojo a su amigo y entierro su culo en mi propio manubrio y comienzo a follármelo al tiempo que aprieto mi recto para que no se escape el pene de su compañero.

-Ah, ah, ah ,ah- la sala se transforma en una melodía de gemidos que sueltan los dos putitos. Más hambriento que nunca doy la vuelta al chaval que cabalga mi polla, le subo la camiseta y me engancho a uno de sus pezones. Esta rosado y duro y sabe genial, empiezo a chuparlo casi esperando que salga leche de él. El chico gime y gime perdiendo la cabeza al tiempo que su polla bota y bota y mancha mi barriga con su líquido.

3:20h, es momento de terminar así que aprieto con fuerza mi culo y muevo mis caderas a toda velocidad, el cerdito que me penetra gime sorprendido y nota como mi culo estruja su exhausta polla, a los pocos minutos el chico de abajo empieza a gritar y me llena de la poca leche que le queda, ese líquido caliente es lo que me hacía falta para soltar mi última carga dentro de su amiguito, este se agarra a mí con fuerza y empieza a correrse por todo mi pecho. Mi leche inunda ahora todo su interior, todo lo dentro que he podido y con un poco de suerte se quedará ahí un par de días. Nos quedamos conectados un rato mientras volvemos a entrar en razón.

-Uffff- Estoy totalmente agotado, pero ha valido la pena, mis pelotas están ahora vacías y mi leche a buen recaudo dentro de esas zorras viciosas, incluso yo me he llevado mi propia ración de leche caliente que me acompañará esta noche. Por si fuera poco he hecho de celestina para una parejita de amantes secretos. Pero en fin, supongo que esto sólo es otro sábado noche en el Boyberry de Madrid.

Volver al concurso 2020