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Una experiencia para repetir

Yo la verdad lamento no haber visitado antes, por no saber que existía un sitio como Boyberry. Lo que son los glory hole y áreas de cruising o laberintos oscuros o iluminados con luces muy tenues siempre me causaron curiosidad, pero no me llamaban o atraían tanto como para pagar por la entrada. A los sex shop he entrado para observar lo que tienen y alguna vez para comprar algún regalo para mí o para algún amigo. Pues bien, cierto día visité con mi pareja un sex shop del Eixample de Barcelona y tenía al fondo una zona de cruising. Yo me había informado por internet de aquello en lo que consistía esta zona y me dije, en acuerdo con mi pareja, entramos y tuvimos una muy buena experiencia y quedamos con una muy buena impresión.

Ello me llevó pensar y buscar sitios de ocio en Barcelona y para ello cogí la oferta de ocio gay de Barcelona; dentro de ella me llamó la atención la publicidad de Boyberry. Sólo ver la pose y actitud del modelo que figura en la publicidad de la página web con una camiseta esqueleto de verano y de espaldas, sin pantalones ni eslips enseñando un culo y una piel totalmente sin pelo y una piel tierna y suave, es ya de por sí atractivo a la vista. La publicidad de la guía gay también es bien interesante y llama la atención porque salen dos chicos muy guapos sonriendo y con barba. Pues bien, un día me decidí.

Sin saber dónde estaba y utilizando la guía gay de la ciudad, me encaminé desde el Teatro del Liceo con la Rambla. Me dirigí recto por la calle Hospital porque noté que, si la iba siguiendo recto hacia el Mercat de Sant Antoni, y estando allí, me quedaba más a mano llegar. Caminé y caminé muy ansioso mirando las calles, los negocios y la tranquilidad de la zona que se me presentaba para ser auscultada después de pasar la zona del Raval que es más trajinada y más comercial. Di algunas vueltas hasta que encontré el sitio. De entrada, no parece gran cosa y se ve como un pequeño sex shop con juguetes sexuales variados, películas, lubricantes y demás cosas que tiene este tipo de negocio.

Observé a la izquierda una gran cantidad de lockers que funcionaban poniéndole un euro para guardar cosas personales y que los clientes que entraban utilizaban con sigilo. Después una puerta con una cortina que cubría una entrada con tirantes lisos.

El dependiente guapo, joven y muy agradable me cobró la entrada y me explicó cómo funcionaba el sitio y lo que ofrecía.

Pues resulta que detrás de la cortina estaba la zona más agradable, amplia, acogedora y llena de hombres disponible para mí.

Me quedé deslumbrado con la gran cantidad de hombres jóvenes más que todo, y algunos pocos maduros que había allí caminando, mirando, tomando algo o dialogando con otro o entrando y saliendo de los váteres.

Mis ojos no daban más de sí. Yo pensaba que eran demasiados hombres guapos y buenos y todos calientes y dispuestos a satisfacer a hombres y viceversa. Inicialmente deambulé por los laberintos oscuros del sitio, los váteres y comprobé en que sitio estaba ubicado cada glory hole.

Dentro de mí me preguntaba cómo era posible que hubiera tanta carne buena para mí reunida en un solo sitio. Y no paraba de entrar más, cuál más buena.

Evidentemente yo estaba super empalmado y muy exaltado con tantas posibilidades, así que miré muy bien el personal y estudiaba el efecto que causaba yo en los chicos al verme pasar y verles. Era época de verano y la ciudad recibe un gran número de visitantes de todo el mundo. Allí pude ver gente de una gran cantidad de nacionalidades con pantalón corto. Pude ver latinos, mulatos, negros, asiáticos, marroquíes, italianos, Norte Americanos y Europeos.  Mi tipo latino con ojos claros de color verde me hacen muy exótico y agrado mucho a mucha gente; más que todo a los blancos.

En este sitio pude dejar que se desbordaran de fuera de mí las pasiones y deseos más profundos e intensos.

Lo que más me llamó la atención fue la actitud de los chicos parados en la entrada de las cabinas con la puerta abierta a quienes sólo les faltaba invitarme a entrar con ellos y todos guapos en exageración y machos. Ese día no ví ninguno afeminado, a quienes respeto mucho y admiro y si los hubiera no pasaría nada. Esa actitud tan abierta, libre y sin tapujos ni vergüenza o temor me marcó mucho porque reforzó lo que soy y quién soy, dándome más libertad y ganas de vivir y disfrutar.

Me centré, en primer lugar, en los glory hole. Había muchos. Para no acabar. Especialmente hay una cabina alargada donde se puede encerrar cualquiera.  En las paredes, que son de madera tiene varios agujeros o glory hole. El chico que está dentro puede extasiarse con la variedad de bocas que se ponen en los glory hole suplicando con movimientos ansiosos de aberturas de sus boca y leguas desenfrenadas, pidiendo degustar un buen trozo de carne en barra. Aquel día entró un chico alto, de pelo largo, delgado, de unos treintaicinco años y se encerró poniendo el pasador a la puerta. Yo por supuesto, me arrodillé a mirar por el agujero y le ví como entraba llevándose el pantalón y el eslip y se quedaba con camiseta que era corta que le llegaba al ombligo y en zapatos deportivos. De tal forma, que él, empalmado a más no poder, duro como un palo, con su miembro que le hacía curva hacia arriba. Yo le calculo que tenía una polla de veinticinco centímetros, recta, de color rosa, muy bien hecha y gruesa. En sí el chico estaba muy bien superdotado. A mi entender este chico no era la primera vez que los hacía porque era el chico adecuado para dar placer bucal a tanto chico sediento y hambriento como yo. Pues este chico empezó a clavar esa hermosa, sabrosa y exquisita polla por turnos a cada agujero que creo que son seis. Yo al ver aquello tan apetecible y morboso para mí, abrí mi boca y empecé a hacer invitaciones linguales a aquel chico, que, como un perro faldero, se vino directo a mí ahogándome con el volumen y fuerza de aquel increíble miembro palpitante, duro y mojado y sin bello porque estaba totalmente depilado.

Me llenó toda la boca y abusó de ella haciendo un movimiento lento al principio. Metiéndomela hasta al fondo de mi garganta y sacándola sin compasión al final. Comprobé que podía aguantar mientras disfrutaba. Me dejé llevar un buen rato sintiendo aquel excitante movimiento en mi boca. Pasados unos minutos, muy cortos para mí, sacó los huevos por el agujero y me los dió a comer. Cual animal hambriento le di rienda suelta a mi lengua. Pasado algún minuto quizá, se acabó la gloria y aquel chico cambió de agujero y entendí que terminó mi turno. Yo sabía que había todavía cinco agujeros con bocas esperando y ese chico estaba dispuesto a darle a todas. Claro que yo quería más pero bueno, a pesar de todo me consideré afortunado.

Pasé a la siguiente fantasía y me ubiqué en el laberinto a ver qué pasaba y disfrutar del sonido de los quejidos de placer que sentía a mí alrededor o de aquel que se ponía a mi lado y me metía mano por donde menos me lo imaginaba pero que yo quería. Para mí no era ningún inconveniente; me convencí de que estaba allí para dar y recibir placer sexual masculino.

No pude hacer nada al verme acorralado por cuatro chicos con buenos cuerpos y jóvenes que hicieron de mi lo que quisieron porque yo quise. Yo estaba recostado contra la pared, uno se puso a mi lado izquierdo, otro a la derecha, el otro de frente. Otro me separó de la pared y se puso detrás de mí comiéndome las orejas, cosa que me vuelve loco, y para colmo era barbado, fuerte y masculino. El del lado izquierdo me metía mano por dentro de la camiseta y me tocaba el pecho presionando mis ya duros pezones. El de la derecha abría la bragueta de mi pantalón despacio, mientras me iba metiendo mano y sintiendo mi miembro excesivamente erecto y muy mojado por el abundante lubricante que expulso. Yo sin decir nada sólo gemía, mientras los dos de los lados me subían la camiseta y me comían los pezones suavemente. Dejé que mi pantalón callera a mis tobillos mientras el chico de atrás hurgaba entre mis piernas con sus manos inquietas.  Poco a poco iba jugando con sus dedos en mi culo buscando el agujero, sin dejar de chupar mis orejas o mi cuello. Los dos de los lados iban haciéndome explotar; uno me comía la boca y el otro bajó y me empezó a comer la polla de una manera salvaje y profunda. Yo estaba como drogado, era una sensación única no quería que terminara nunca. Para más calentura el de atrás iba sintiendo los bordes de mi agujero con sus dedos y en un momento mojó su mano con saliva y la puso en mi culo y empezó a dibujar círculos muy despacio, metiéndome el dedo índice primero, después el del corazón y luego los dos a la vez. El que estaba delante de mí comía mi boca o mi polla cuando podía o se la comía a los otros o me metía mano por cualquier parte. Total, perdí el control de quien estaba delante o a los lados. Yo solo me sentía como un volcán a punto de explotar.

Por dios, decía yo dentro de mí, voy a acabar, pero no quiero.

En un abrir y cerrar de ojos el de atrás se había puesto el condón y deslizó despacio su miembro dentro de mi culo sin compasión. Yo me sentí seguro porque ya estaba lubricado con su saliva. Con toda esta acción ya estaba dilatado y sólo deseaba sentir una buena polla dentro de mi culo. No me lo esperaba tan absolutamente morboso. Yo estaba allí siendo devorado por cuatro hombres de una manera salvaje y excitante. Muy placentera. Puedo asegurar que no hay sensación más excitante que ser follado y, a la vez mamado. Y si te comen los pezones todavía mejor.

Pero aquello no era todo. Mientras me rompían el culo los dos de los lados se peleaban, amistosamente para comer mi polla y el de delante se sumaba al ritual. Yo era bombardeado por detrás sintiendo los vaivenes, el sudor y olor a sexo, la respiración agitada y jadeos, y el placer en mi verga dado por tres bocas o dos o una, pero era constante. Si no era mi polla eran mis huevos o mis piernas. Alguno me estaba pasando la lengua por las piernas y yo temblaba. De pronto sentí una fuerte envión del chico de atrás y se quedó quieto, muy pegado a mi espalda con espasmos y gimiendo como un lobo en celo, porque estaba acabando dentro de mí. Lo noté porque yo sentía los trallazos en mi culo. No pude más, y dejé salir toda aquella energía caliente y líquida que se disputaban por absorber los tres chicos sedientos. Al final no supe quiénes eran y no me importaba. Lo único que sentía era satisfacción y eso me bastaba.

Me lo pasé tan bien que lo recomiendo para ir y me haré cliente asiduo con seguridad.

 

 

 

 

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