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Tu a Roma, yo a Madrid y los 2 a boyberry

-Tío, tenemos que vernos sí o sí. Pocas oportunidades como esta se nos van a presentar. Aquel audio de Flavio me tenía pletórico.

Nos conocíamos desde hacía años. El, un italiano estudiante de diseño, rubio, alto, ojos verdes, cuerpo torneado que hacía que cualquiera bebiera los vientos por él y por lo que tenía entre sus piernas. Porque aquello no era normal, era una verdadera máquina.

Yo, que me llamo Mateo, soy lo que en este mundillo llaman un osito. Fuertote, cuerpo ancho y rudo, fruto de haber trabajado en el campo de mis padres, sin depilar y con un culo que hacía sudar al que se disponía a darle lo que se merecía.

Nos habíamos conocido 5 años antes, cuando aún éramos unos simples niñatos que buscaban rollito por las redes sociales y que solo queríamos aliviar el calor de las hormonas efervescentes. Su Nick me llamó poderosamente la atención, Stiletto 22, sonaba como a glamouroso, formal y sobre todo a algo grande, cosa que con el tiempo supe que no iba mal encaminado.

Empezamos hablando de temas simplones como de dónde éramos, qué edad teníamos, si trabajamos o estudiábamos, todo ello en un inglés bastante deprimente pero que nos hacía entendernos. Poco después empezamos a hacer videollamadas y descubrimos que, aparte de que nos encantábamos, ambos hablábamos español. Yo por vivir en España y el por ser hijo de una española y un romano.  Lo descubrimos a raíz de que en una conversación su madre empezó a hablarle en español, a lo cual yo también empecé entre risas. Ese fue el detonante de que Flavio y yo empezáramos a ser cada vez más y más amigos y a gustarnos cada vez más y más.

Hace un par de años Flavio consiguió venirse a España para estudiar Diseño en Madrid, yo aún seguía viviendo en Almería en la finca de mis padres, bueno, mi finca ya que mi padre murió hace unos meses y me la dejo a mí. Esto nos dificultaba mucho el hecho de vernos y de poder conocernos, a pesar de que hablábamos casi a diario por Skype.

Se acercaba Julio y yo pues quería escaparme un poco ya que empezaba en poco la recogida de los frutos y me iba a ser imposible poder irme. Pareció que se alineaban los astros ya que mientras pensaba eso sonó mi móvil. Flavio.

– ¡Mateo, cuore mio!

-Hombre justo en quien estaba pensando

-Espero que pensaras bien-dijo Flavio

-Sabes que siempre pienso bien de ti. Oye, ¿tú vivías solo, ¿no?

-Si, desde que mi madre se fue a Cáceres con su nuevo novio. ¿por?

-Podría ir a verte, ahora tengo un poco de tiempo libre

Justo en ese momento me llega el audio que me dejó tan loco. Aquella misma noche metí 3 o 4 mudas, unas camisetas y unos pantalones y me pillé el primer tren que llegase a Madrid.

Ya en Atocha y después de una siesta en mi asiento, pude verle a lo lejos con su camiseta sin mangas roja, sus pantalones cortos y sus deportivas. En persona era todavía más guapo y cuando me acerqué a saludar se notaba su aire italiano, era tan acogedor y cercano que notaba como se me iban poniendo las orejas rojas.

Cargó mi mochila a sus espaldas y fuimos hacia el bus donde me explicó que pasaba de coger el coche ya que en el centro de Madrid era una locura conducir. Cuando llegamos a su piso, pude confirmar lo que desde el primer momento pensé de él: tenía estilazo.

Estaba todo limpio y recogido, tenía un pedazo de ventanal a la calle y la cama de matrimonio en la que me prometió dormir juntos parecía salida de un anuncio. Realmente un pisito de soltero sacado de Ikea o de tu película porno favorita.

Solté las cosas y decidí ducharme, quería que aquella tarde/noche fuera nuestra y debía verme bien. Su baño era una pasada de grande, casi tanto como el dormitorio y en esa placa de ducha cabíamos 3 como yo. Y cuando este pensamiento pasó por mi cabeza fue que le escuché entrar. Mi primera reacción fue taparme ya que entraba a dejarme una toalla, pero fue verle allí sin camiseta y yo desnudo y mojado… que se me puso dura sin remedio.

Él pareció notarlo pues empezó a reírse y desvestirse diciendo que también se quería duchar. Al haber tanto espacio compartimos la ducha de efecto lluvia (la cual era enorme) y me puse tremendamente nervioso cuando empezó a enjabonarme el cuerpo. No era explícitamente sexual, pero no puedo negar por esa mirada que me echaba que movía las manos con intenciones eróticas. Al tener pelo en todas partes acabé lleno de espuma por delante rápidamente y en vez de darme la espalda, decidió abrazarme y enjabonarme esta abrazados. Qué manos tan suaves tenía, estas se iban deslizando por mi espalda y ya se estaban dirigiendo a mis nalgas. No lo pensé y me decidí a besarle. Las gotas de agua se deslizaban por nuestros labios y yo apenas podía sentirlas, sólo podía sentir lo cálido que era todo él, como su corazón estaba acelerado y como el mío se derretía por su respuesta ante ese beso: me abrazó por la cintura y me metió la lengua hasta el fondo besando después mi cuello y detrás de mi oído izquierdo.

-Ahora iremos a un lugar a arreglar esto- dijo agarrándome la polla.

Yo me puse más acelerado de lo que ya estaba. Me dijo que me pusiera algo cómodo que me iba a llevar a un sitio especial. Cuando dijo esto sólo pude malpensar, así que decidí estrenar los suspensores que compré antes de coger el tren. Nos subimos al metro y antes de salir de este, me vendó los ojos y me llevó andando cogido de la mano.

Al cabo de unos 10 o 15 minutos, me los descubrió y allí vi BOYBERRY, seguido de abrazarme por detrás y darme un beso diciéndome al oído:

-Vamos a pasarlo muy bien, tenlo por seguro.

Entramos y nos sentamos. Me pedí una cerveza y Flavio un refresco. Me preguntó si estaba a gusto, sí me lo estaba pasando bien, a lo que le respondí obviamente que sí. Me dio un beso en la mejilla y me dijo:

-Desde ahora eres mío, así que no temas nada de lo que veas-.

Cuando acabamos la cerveza y el refresco me guió hacia una puerta y me dijo:

-Entra.

Llegamos a un pasillo oscuro por el cual me guiaba de la mano. Era mi primera vez en un sitio así, pero me había documentado y daba por hecho lo que iba a pasar, acabaríamos follando y disfrutando de la intimidad que tanto deseábamos, pero… ¿por qué llevarme a un sitio así sí ya teníamos su piso para tener intimidad?

Algo me sacó de mis pensamientos y no fue otra cosa que los labios de Flavio sobre los míos, pero esta vez fue diferente a lo de la ducha… Esta vez estaba siendo mucho más brusco, me agarraba por los brazos con fuerza mientras yo apenas podía responder, me sentí indefenso y al mismo tiempo tremendamente cachondo. Sin previo aviso, sus manos ardientes empezaron a meterse en mi ropa, sobando mi espalda y en unos segundos mis nalgas. Mi verga prácticamente me estaba empapando el pantalón sólo de imaginarme ante esta situación: su lengua dentro mío, sus manos desnudándome allí en medio de todos, mis piernas cediendo ante él… Casi no lo creía hasta que mis alarmas me despertaron, alguien más me estaba tocando. Noté de repente una lengua que me sorprendió detrás mío en mi ojete. ¡En medio de aquel pasillo! Lo peor es que mi cuerpo no podía decir que no le gustaba porque los pezones se me erizaron del gusto y Flavio al notarlo, metió la cara del hombre aún más profundo entre mis nalgas, haciendo que nuestras entrepiernas chocaran. Estaba duro como una roca y empecé a desabrocharle el pantalón lo mejor que pude mientras hurgaba mi cara en su pecho buscando sus pezones. Dios me sentí tan torpe…

Agarró mi cara con sus manos, escupió en mi boca y sin avisar me metió su polla hasta el fondo de mi garganta. Juro por Dios que casi me corro. No podía creer aquello. El otro tipo no sólo me estaba comiendo el culo a tope ya, sino que, además, noté como me habían bajado por completo los pantalones para chuparme la verga y el culo al mismo tiempo. Aquello se estaba convirtiendo en una locura ya que Flavio no les detenía, de hecho, cuando miré hacia arriba, me miró con la cara más morbosa que haya visto, sonrió y me dio un azote en una nalga. Esto me hizo gemir sin remedio, alentando a los otros tipos a hacer lo mismo con mis huevos y mi culo.

Sí seguían dándome esos toques en el escroto me iba a correr demasiado pronto y yo sólo quería correrme con Flavio, de modo que intenté resistirme diciendo que me iba a correr. Esto no pareció importarle a Flavio, el cual, muy serio, sólo tuvo que mirar a los otros tipos y hacer un gesto con su cabeza para llevarme con los ojos vendados a una habitación donde había una especie de mesa, sofá o colchoneta, no sabría decir muy bien. Al quitarme la venda, pude ver como uno de ellos se estaba poniendo un condón mientras Flavio estaba pajeandose y diciéndoles:

-Cuidado con mi novio, al más mínimo rasguño o golpe que me desagrade, os las tendréis que ver conmigo.

Honestamente, soy un tipo fuerte, tipo oso, nunca he necesitado protección ni nada por el estilo… pero el sentirme tan vulnerable, casi desnudo y verle a él, tan pendiente de mí… hacía que no sólo mi cuerpo se estremeciera, sino que se me derritiera el corazón. Tomé su polla sin avisar y comencé a mamársela. Por él aguantaría todas las vergas de aquel lugar. Y no se tardaron la verdad, me abrí con la comida de culo anterior, pero cuando empezó aquel tipo a metérmela, realmente gemí con todo el aire de mis pulmones. Era grande, sin duda, entró suave, pero me estaba costando acostumbrarme.

-No te tenses, queremos dar una buena impresión ¿no crees? – dijo Flavio con una sonrisa picarona en su casa.

-Solo… déjamelo a mí- dije entre suspiros y gemidos. Agarré otras dos pollas en mis manos y dije: -Dadme todo lo que podáis.

Y así transcurrió la siguiente media hora, varios hombres usaron mi culo para satisfacerse mientras Flavio usaba distintas bocas no lejos de mí. No sabría decir cuántos fueron, ni quiénes eran, para mí sólo éramos Flavio y yo disfrutando del sexo. Recuerdo vagamente como intentaron follarme a lo perrito 3 de ellos o cómo su lefa caía sobre mí al correrse. Estaba siendo usado y eso me estaba encantado. Era mi primera vez siendo tan sumiso, pero sólo podía pensar en el premio gordo que era Flavio. Ninguno de nosotros dos nos habíamos corrido en todo ese tiempo y no por falta de estímulos, aún sentía los golpes de todas esas vergas dentro de mí cuando… de repente, Flavio se puso sobre mí. Era un 69. Tener su boca en mi polla mientras me estaban follando era casi el cielo y el infierno al mismo tiempo, ya apenas podía aguantar mientras su rabo estaba en mi garganta, lo saqué y recuerdo que casi grité: – ¡Me corro Flavio! ¡Por favor! – pero él siguió hasta que mi lefa comenzó a salir a disparos y mis piernas se entumecían (por no hablar del que me estaba follando encima me estaba dando una caña brutal).

De repente, Flavio se incorporó, sacó al tipo que estaba dentro de mí y empezó a comerme el culo. Yo apenas podía moverme, me sentía tan cansado… y triste de no haber podido aguantar. Pero Flavio sólo se puso sobre mí y me dijo al oído:

-Me toca.

Y me la metió sin compasión. Lloré. Recuerdo que una lágrima se me cayó en ese instante mientras Flavio me estaba follando y besando.

-Favio por favor… no pares… quiero ser tuyo…- intentaba decir, pero sólo podía gemir y rezar para que él pudiera entenderme. Era como un animal, su enorme verga me estaba taladrando aún más profundo que los otros tipos. No podía moverme, apenas sí podía pajearme. Estábamos nosotros dos solos. No conseguía ver a nadie más. Nunca en toda mi vida me había sentido tan cerdo. Quería su polla, lo quería él…

-Flavio… te quiero… dentro de mi… por favor… Flavio- mis súplicas cada vez eran más exigentes, no podía apenas reaccionar después de haberme corrido. Quería su lefa en mí.

-No dudes de ello, ya puse tu lefa en ti y me tienes aguantando como un cabrón casi media hora ya, esta leche. ¡es para ti! – dijo, y con esa última exclamación, la sacó de golpe y metió entera haciendo que viera las estrellas. Estábamos ardiendo, ya casi no podía más…

– ¡Me corro Flavio!¡Me corro!

– ¡Me corro también! – dijo mientras iba cada vez más rápido y noté su lefa llenarme mientras sólo me besaba. Uno pensaría que al correrse uno ya está, pero él conforme me iba llenando (porque ¡qué cantidad de lefa!) iba dando folladas más fuertes y contundentes.

Nuestros corazones palpitaban con fuerza el uno frente al otro y por qué no decirlo, el culo también me palpitaba. Apenas podía creer lo que había pasado. Me sentía mareado, inflado, relleno… Jamás me había soltado de esa manera, jamás había sido el sumiso de nadie. Los pocos muchachos que seguían allí rieron cuando nos empezamos a vestir y buscar mis suspensores o mi calcetín izquierdo y tras eso, nos invitaron a una copa.

Salimos de allí renovados y antes de que llegásemos de nuevo a su piso, él me miró a los ojos, me besó y dijo:

-Por más días como este, por más veces donde te pueda tener así de cerca.

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