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Lo que cada cual busca

Cada cual que entra busca una historia, otra aventura, de esas, de tantas que contar. Es un momento que puede ser largo o breve y que para algunos se vuelve rutina… Es el cuento y la promesa incumplida del hasta aquí, pero del nunca acabar… Qué le vamos a hacer? Somos hombres y además gays, lo que se traduce en más ganas, más morbo, más necesidad de sexo y de placer.

Adentro subyace el cruce de miradas con el escrutinio de virtudes. No se trata de estar buenorro o de ser cachas, no importa como seas, en este ameno bar del centro de la ciudad todos tenemos la oportunidad. Suponiéndose con esto que muere allí el qué buscas de las redes, pues quien entra sabe a lo que va, todos saben lo que quieren, al menos eso es lo que pensamos. Sin antesala ni pasillo que te resguarden de la mirada curiosa del mundo transeúnte cuando entras, te espera adentro la ese goce que muchas veces se vuelve delirio, la tentación y el desahogo. La facha de Boyberry en verde negro te invita a que entres y la pases bien, al menos a déjate ver. Muchas veces hay chicos en su puerta y eso inquieta más a todo aquel que no se atreve a entrar, pero este sitio es parada obligada del circuito gay, llámalo cruising o como quieras, allí está así que tarde o temprano vas a entrar. Si lo haces encuentras más de lo que piensas, no todo es sexo, también hay disfrute sano, conversación y risas, trato amable y uno que otro hasta se atreve a bailar. En lo personal siento que el rito del cruising puede concluir allí o quizás para otros, surgir renovado como algo que es seguro y que, te alejara de hacerte una paja frente a tu ordenador cuando llegues a tu casa, así como cuando en busca de aventuras no encuentras nada. En este día de encuentro en Boyberry con alguien que conocí en una app me quedo mudo frente a mi caña, he tomado tres ya, y antes de emprender mi ruta a ritmo de excursión, me desprendo de mis sueños de tener a alguien que me haga olvidar un rato el ambiente y sus fáciles caminos de placer, el sueño de no buscar allí y ni en las redes lo que quiere mi cuerpo y mi mente. Sorbo un trago de cerveza y observo a quienes se miran, hay tantas ganas como gente, y esquivando las miradas sobre mí me abro paso a caminar. Se encuentra allí una mezcla riquísima de culturas y nacionalidades… Es como un casting interracial para un festín tipo bukkake o gang bang. La edad, aunque existe a veces se ignora en esa especie de sombras con olor a sexo. Se abren mis sentidos con los gemidos de películas ya tantas veces vistas en mi ordenador. Noto que no puedo desprenderme de todo aquello que no quiero repetir, me reservo para mi cita, pero como dije al principio, es un cuento de nunca acabar, una historia de vicio. Siempre estoy cachondo y muchas veces me cuestiono el pensar solo en sexo. Si estoy leyendo me estoy tocando los huevos, si busco información en mi smartphone algo me lleva a las redes y de ahí a tocarme y a hacerme una paja frenética. Que tire una piedra quien no lo haga… Los del celulares son el boleto a la acción y la ventana a la búsqueda de ella. A quien espero no llega, y no sería el primero que me deje esperando. Ignoro por qué muchas veces somos así… No quiero contar las veces que me han dejado con la polla dura en la puerta de una ubicación que jamás abre. Aquí es seguro que te vas liviano, ligero y descargado, más teniendo un buen rabo lleno de leche. En Boyberry o descoses o te descosen el culo, pero sin acción no te vas.

Lo espero y me desespero, bajo por aquella minúscula escalera en forma de curva, un tanto maltrecha pero bien intencionada para el roce, y que te conducen hasta los reservados que aguardan en el piso de abajo, voy al baño con la cerveza en la mano, meo y me sacudo con fuerza la verga, miradas curiosas se clavan en ella, la tengo dura, alguien se muerde los labios, la cabeza de mi verga esta brillante, late y resplandece con la luz del baño, que se confunde con la sombra de la entrada, me la guardo y me retiro. Me refugio en mi andar sin prisa, aun con la excusa de esperar a quien quedó en llegar, y que obviamente no vendrá… Pero qué más espero? me decido a actuar y me encuentro entonces con las banquetas que te dejan esperar turno en el glory hole, y mientras espero ansioso algunos tíos me observan, con esa mirada del qué buscas… Llega mi turno y entro, observo varias bocas abiertas, algunas  aun con rastros de semen en la comisura de sus labios, me acerco y dejo al descubierto mi polla de 23 cms para el festín de los asistentes, la meto en un hueco y de ahí la saco para dar de comer a otro pajarito hambriento, entra alguien y le arrodillo, ya son tres que me hacen olvidar a ese que no vino,  ya no importa! Quiero más…después de un buen rato otros más se unen, y ya estoy que exploto, no sé cuantos comieron de mi biberón, que aún recibe una mamada monumental, que ruega y clama la descarga de mi feroz chorro de leche. Lo anticipo y contrario a lo que puedo imaginar se asegura de represarla en su garganta para sentir justo allí esa cascada caliente y viscosa. Mis piernas tiemblan, me escurro, me deja seco y bien limpio, sigue mamando y me pide meo, ruega por tragar mis meos, y me desprendo de prejuicios, dándole hasta la última gota de aquellas cervezas que antes me tomé. Me retiro ya en reposo, con esa mirada inquieta de saber quiénes me comieron la polla detrás de aquellos huecos de gloria, el séptimo cielo de nuestra vida homosexual. En el Boyberry comes a la carta, y a veces sales con novios, en una especie de olvidemos donde nos conocimos y vivamos un sueño, ese sueño que todos tenemos y del que hoy quise escapar. La ilusión de una llamada y de compartir con alguien esa sensación de mantenerte fuera de las redes, buscando sexo fácil y a la orden del día. El Boyberry siempre te va a esperar, te invita con su fachada a la vista de todos, quienes pasan por el frente, a cambiar esa necesidad que tienes por soledad o cachondeo a experimentar el sexo como quieras, y con cuantos quieras… mientras encuentras lo que buscas.

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