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Dos pajaros de un tiro

Muchas veces creemos que la solución a nuestros problemas se encuentra a la vuelta de la esquina y en mi experiencia, así fue ese día viernes 13 de diciembre. Llevaba unos días con un calentón que me tenía tonto y no podía pensar en otra cosa más que en follar.

Estaba anocheciendo y llovía torrencialmente en la ciudad Condal. Aun debía encontrar un regalo para un amigo que estaba de cumpleaños ese mismo día, pero entre que no sabía que regalarle y la lluvia que me tenía empapado de pies a cabeza, no quería deambular bajo ese clima.

Tomé la decisión de entrar en el primer lugar donde pudiera encontrar refugio de la lluvia y fue así como doblando en la esquina de Gran Vía con Calabria, me encontré de frente con el Boyberry.

Entré de golpe al lugar y veo al dependiente de la tienda que estaba ordenando los dildos que colgaban en la pared, me quede sorprendido con el dildo de 30 cm que sostenía en sus manos. Me saludó, y yo como un tonto sin poder articular palabra balbuceé un seudo saludo, que al oírlo seguro sonaba a gemido más que otra cosa. Él se rio y acto seguido reí junto con él. Segundo acto seguido, nos miramos de pies a cabeza y volvimos a sonreír. Le pregunté si podía esperar dentro de su tienda mientras paraba la lluvia y el me respondió, de manera coqueta y mirándose el culo, que podía quedarme todo el tiempo que quisiera. Ambos volvimos a reír, pero esta vez de manera traviesa. Mientras él terminaba de poner los dildos en su lugar, yo echaba miradas curiosas a los objetos que había en los escaparates. Películas pornográficas gays de todo tipo, algunas con carátulas tan raras que no entendía lo que estaban haciendo. Diferentes tipos de objetos, al parecer juguetes sexuales que jamás habría imaginado y ropa que nunca en mi vida había visto. Todo lo que miraba en la tienda me sorprendía y me excitaba a la vez.

Comencé a sentir un cosquilleo en mi pantalón, que me avisaba como la sangre caliente comenzaba a llenar mi miembro viril, subiendo la temperatura al máximo y apareciendo una erección que marcaba un gran bulto en mi pantalón. Sentí como el calor recorría mi cuerpo y enseguida mi respiración comenzaba a agitarse. Me doy la vuelta, para mirar al dependiente, su mirada bajó directo a mi pantalón y con un gesto me indicó que lo acompañara detrás del mostrador. Lo seguí y me encontré con un lugar lleno de pasillos y cabinas. Había poca luz, la situación me excitaba cada vez más.

Al pasar por fuera de una de las cabinas lo oigo llamarme. Cuando entro, lo veo apoyado sobre la pared y con el pantalón abajo. Entro en la cabina y al momento me dice que saque la Polla y me meta dentro de su tienda, le hice caso. No habrán sido más de cinco minutos, cuando siento como mi Polla explota dentro de su culo liberando toda mi leche dentro de él, mientras que él se corría al mismo tiempo que yo. Ambos llenamos con un gran gemido de placer todo el lugar.

Al terminar salimos de la cabina y me pregunto si quería llevarme algo de recuerdo, lo primero que se me vino a la cabeza fue ese dildo de 30 cm que tenía en sus manos cuando entré a la tienda. Le pedí que me lo envolviera en papel de regalo, nos despedimos y salí del lugar.

Afuera ya no llovía, el calentón ya se había ido y en mis manos sostenía el regalo de cumpleaños para mi amigo. Sonreí y me di cuenta de que había matado dos pájaros de un tiro

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