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Daniel y yo

Hacía cuatro o cinco años que nos conocíamos, un amigo en común nos presentó.

El día que lo vi me resultó muy interesante, no era feo pero tampoco guapo, aunque tuve la impresión de que era chapero, olvide ese pensamiento, y me dedique a deleitarme con sus, casi dos metros de alto, mulato, de esos que me ponían nervioso, y mis hormonas a cien, no era cuerpo de gimnasio, pero estaba en forma, -Hola, soy Yael- me dijo, y extendió su mano, era una mano grande, fuerte, me estremecí un poco, pero mi ojos seguían intentando descubrir más, ya sin discreción alguna, miraba su entrepierna, sus piernas grandes fuertes y ese culo caribeño que me estaba volviendo loco.

Recuerdo que tomábamos unas copas en una terraza, mesa para tres, era vísperas de verano y el tiempo era nuestro Celestino, en algún momento de la conversación el tema sexual llegó a nuestras bocas, Daniel, Yael y yo hablamos abiertamente y sin tapujos de lo que nos gustaría hacer.

 

– A Daniel lo conocí en una estación de metro fue una cosa muy curiosa, aunque suelen existir cruces de miradas muy atrevidas, no pasaban de eso, pero con Daniel fue distinto, a partir de ahí fuimos a más. Recuerdo que desde ese momento surgieron las ganas de tener un encuentro sexual, pero sólo intercambiamos teléfonos. Fue unos días después que volvimos a vernos, cuando dimos rienda suelta a nuestros instintos más primarios.

Daniel era un tío atractivo, no muy alto, físicamente estaba bien, se definía como bisexual, le gustaba casi de todo; la calle Montera en esos tiempos era un mar de gente que ofrecía todo tipo de servicios sexuales a transeúntes y peatones, luego cambió y se volvió un poco recatada, Daniel trabajaba en una tienda de modas de esa calle, diseñaba vestidos y cocía sus propios diseños, venía a Madrid cada cierto tiempo y se quedaba largas temporadas y luego volvía a su natal Venezuela.

Vivía algo retirado del centro de Madrid, y yo también para esa época, teníamos que ser prácticos, así que decidimos ir a un hostal de Sol, vaya, el centro del universo ahí a nuestro servicio.

Recuerdo que subimos a una de esas habitaciones un poco cutres, una cama malavenida, sábanas celestes, almohadas blancas, papel higiénico, un baño básico con gel, y unas toallas pequeñas, todo de lo más básico, pero todo eso era lo de menos; esas situaciones me provocaban mucha excitación, ese morbo, a veces algunas cosas desagradables tienen un encanto, que mi intelecto no entendía, pero mi parte sexual la disfrutaba, a veces pienso que siempre estamos en contradicciones, pero bueno, yo dispuesto a disfrutar el momento.

Empezamos a desnudarnos; había que aprovechar cada segundo.

Nos tiramos en la cama y nos fundimos en abrazos, besos, caricias, para terminar en un coito que nos llenó de placer.

Al terminar nos duchamos y salimos, esto se repito varias veces y por algún tiempo, hasta que un día me dijo que conoció un tío y que, si quería conocerlo, -hombre claro y si está bueno, más aún- le dije.

 

Uno de los temas que vino a nuestra mesa, con nuestras copas en la mano y entrando el verano en nuestras venas, fue montarnos un trio.

Los tres aceptamos, pero lo dejamos para otro día, y organizar nuestras circunstancias para poder quedar.

Recuerdo que al despedirnos Yael y yo caminamos un rato juntos e intercambiamos nuestros números de teléfono.

 

-Yael era un tío tranquilo, contenido, se veía buena persona, eso aumentaba mi excitación interna, mi imaginación volaba, pero me contuve y fui correcto en ese momento. Era discreto, se definía como hetero -la verdad, eso no me importaba- me contaba que tenía novia, yo sabía que también se lo montaba con tíos más de lo que él suponía, Daniel lo conocía mejor en ese aspecto, porque ya habían tenido sus encuentros, y por él, tenía muy buenas referencias. Yael era humilde, sencillo, tenía un hijo en su país de origen, empatice con él, porque me pareció honesto.

Por cuestiones culturales pude entender sus circunstancias, realmente no me importaba, lo entendía, aunque teníamos cosas en común había otras que no, pero no les di mayor relevancia, lo importante y lo que me gustaba yo podía tenerlo. No tenía trabajo fijo, hacia chapuzas por aquí otras por ahí, mi primera impresión no estaba equivocada, pero tampoco me importó, era un tío muy razonable en ese aspecto.

Uno de esos tantos encuentros que tuve con él, recuerdo que me llamó, y me dijo que está haciendo unas reformas en la estación de Bambú, y si podía ir a verlo, y claro yo raudo y veloz fui a su encuentro, para ese tiempo ya me había mudado a Madrid centro, no olvidaré ese día, llegué al edificio creo que era un tercero, subí, toque y me abrió, estaba con un overol gris, sin camisa, y con un hombro si abrochar, el overol sucio de pintura y polvo, pero él, muy limpio, habían muchos escombros, maderas, pintura, ladrillos, y más, el baño tenía un enorme espejo, lleno de polvo, reflejaba discretamente, como pixeleando nuestros cuerpos, y tratando de ocultar lo que iba a suceder. Empezó a desvestirse y claro yo miraba todo ese rito, se sacó el overol, vi un bóxer que descubría ese culo, sus piernas grandes y fuertes,

-¡que piernas!- y su enorme paquete, ese paquete que flácido era descomunal, alucinaba, ahí estaba, desnudo y totalmente lampiño, tenía ese encanto, habían 24 razones para disfrutarlo. Yael al ser hetero no le gustaban los besos y de caricias más bien poco, pero yo ponía mi mayor esfuerzo y además lo disfrutaba. Bueno, yo ya estaba desnudo también, nos metimos al baño con ese espejo cómplice y fetiche circunstancial que había que aprovechar, sacudió su enorme polla, me agachó y me puse a lamer, chupar eso tan enorme, me producía arcadas, era un placer inimaginable, y de reojo miraba su cara, como lo disfrutaba el cabrón!!, y me forzaba a que me la tragara toda, me encantaba que me cogiera de la cabeza y haga ese movimiento follador en mi boca, todo un placer. Yo iba siempre preparado con mi condón, lubricante y alguna que otra cosilla. Y bueno era la hora de sentir en lo más profundo de mi ser, su enorme polla, me puse delante del espejo, lubricaba mi agujero, mientras él se ponía el condón, alce una pierda apoyándola en el lavabo para facilitar esa penetración tan deseada, se acercó a mí por detrás y con una mano cogía su tremendo pollon para dirigirlo a mi estrecho ojete, mientras su otra mano enorme, ajustaba mi cintura al acto, era tan excitante todo ese momento, que estaba al borde de la locura, y luego poco a poco fue metiendo una de las razones que me atraían de este semental. Una vez dentro se contuvo un poco, el placer era más fuerte que el dolor yo disfrutando cual perra en celo, y empezó a cargar sobre mi poco a poco para luego acelerar, baje mi pierna para cambiar posición, luego trajo una silla y me pidió que me sentará en su polla, ufff!! qué momento, había un colchón tirado, y se tumbó ahí con su enorme rabo durísimo llamándome, me senté ahí, sentí como me entraba toda esa enorme obra de arte, guao!! fue una sensación indescriptible, volvimos al baño, el detrás de mí, me daba con fuerza salvaje, como esos machos duros, pero también sentía sus fuertes brazos abrazándome, agarrándome fuertemente, para que no escapara y acariciando mis pezones con sus enormes dedos, estábamos a mil, sentía su enorme polla dura, durísima como me abría y con esa fuerza que solo él podía, llegaba el momento del final y aceleró más, y más, se convirtió en una bestia sexual, ya no aguantábamos, eso iba a explotar, hasta que sentí como descargaba toda su leche, ese latir de ese pollon descargando, era como estar en el paraíso. Ese vibrar dentro de mí estaba volviéndome loco, antes de que se relajara le pedí más, para correrme yo, y así lo hizo seguía dándome y acariciando mis pezones hasta que explote de placer.

Nos miramos exhaustos de gusto y satisfacción, tomamos un respiro, me vestí y me fui.

 

-Daniel y yo volvimos a vernos antes de nuestro esperado trío, estaba anocheciendo, conocía un sitio con mucho morbo, esas cosas que solo el cuerpo y nuestra parte sexual entiende y disfruta, -porque no vamos al boy? – me dijo, -cual boy? – le pregunte y me contestó -a Boyberry- la verdad, nunca había ido a ese sitio, y más por curiosidad me anime a ir. Recuerdo que era sábado, llegamos a Boyberry, nos pusimos en la barra, había un par de chicos al lado, no hablaban muy bien español, mi oído estaba detectando todo el percal, al final terminamos hablando los cuatro, eran amigos y estaban de visita, pero cada uno a lo suyo, mientras transcurría la noche, una copa más, y otra, uno de los chicos se fue a descubrir los oscuros placeres que ocultaba este palacete. Con sus encandilantes luces, rodeados de cantidad de sementales para disfrutar, no todos asequibles pero bueno, algo se pilla, y esos laberintos llenos de tentación, para goce y disfrute de nuestra parte más animal.

Daniel y yo estábamos encantados, y fue en un momento que el alemán nos invitó a su hotel, cuando aumento mi adrenalina, Daniel me miró y con mirada cómplice aceptamos.

-Arno era un tío grande fuerte, rubio muy guapo, grandes ojos azules, además muy encantador, estaba hospedado muy cerca del boy, llevamos algo para beber, y al hotel.

Llegamos nos pusimos cómodos, y empezamos a fundimos en largos e intensos besos, era un total placer, acariciar esos cuerpos dispuestos a dar millón de sensaciones. Ya desnudos pudimos ver el enorme encanto de Arno, que placer, que culo y que pollon, me agache y empecé a dar rienda suelta a mis deseos, mientras ellos se besaban, yo me encargaba de las partes bajas, ufff!! acariciar esos culos era gloria pura, en un momento Daniel y yo empezamos a besarnos, y de pronto sentí algo húmedo, suave, y muy excitante, en mi culo, era Arno, se había apoderado de mi ojete y estaba lamiéndolo y chupándolo, devorándolo ufff!!! Que placer, luego de humedecerme bien, se puso el condón y dio rienda suelta a su pasión, mientras Daniel me besaba, y me chupaba la polla, era insoportable el placer, en un momento puso el culo de Daniel en su cara mientras me follaba, para devorárselo cual caníbal hambriento. Todo esto entre gemidos y jadeos. Luego fue la hora de Daniel lo puso en cuatro y ahí mismo empezó a cargar con fuerza en su culo, mientras yo acariciaba y besaba a Arno, era nuestro amo hacía y deshacía a placer, nos puso al filo de la cama, en cuatro y alternaba sus folladas, que gusto.

Estábamos a tope, a mil, Daniel empezó a follarme a mi en la cama, y Arno se puso detrás de Daniel, a darle su merecido, guao!! Parecía una película, habían pasado casi dos horas desde que llegamos, nos pusimos los tres en la cama boca a arriba, y empezamos a masturbarnos, estábamos llegando a nuestro clímax,… Ufff!!!

Fue una noche para recordar.

No volvimos a saber nada de Arno, Daniel y yo nos manteníamos en contacto

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