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Barcelona de pasión

Mi nombre es Manuel y tengo 20 años. Vivo en vigo pero soy de Barcelona, y todos los años visito la ciudad para ver a mis hermanas.
Hace un tiempo, cuando planeé mi siguiente visita, decidí explotar mi curiosidad y empecé a buscar sitios de ambiente gay en el que pudiera ver y probar cosas que nunca antes me atreví a hacer. Así fue como descubrí el Boyberry.
Era un día de junio cuando por fin, tras varios días cuidando de mis sobrinos, me quedé solo en casa de mi hermana y decidí, con muchos nervios, acudir al local. Nunca había echo nada así y estaba muy nervioso, pues ya se sabe la fama de estos sitios (sitios sucios, con gente acosándote con la mirada..) pero aún así me atreví a ir.
Al llegar al local el corazón empezó a agitarse de los nervios pero respiré profundo y entré. En el mostrador había un chico joven, latino, muy agradable, que me cobró la entrada Y me dio un condón. Hasta ahí la cosa iba tranquila.
Todo cambió al pasar la cortina: una sala oscura llena de gente dando vueltas, alguna sin camisa, y unos gemidos fuertes que venían de las cabinas. Yo, que nunca había vivido algo así, me puse tan cachondo que se me empezó q notar en el pantalón.
Tengo que aclarar que no es que tenga un rabo enorme, 17 cm, pero si bastante gordo y con una buena forma gracias a que estoy circundado, y eso me dejó una herramienta que suele gustar mucho cuando la ven.
Total que me puse a dar una vuelta, observando y sintiéndome observado (eso me estaba poniendo muy guarro), sin esperar ver gran cosa…pero me equivocaba.
Cuando más desanimado estaba apareció un chico alto, moreno, cubano por su acento, con el pelo teñido de rubio y unos músculos que se marcaban perfectamente en su camisa. Un Dios.
En ese momento lo miré y él se giró, me echó un vistazo y se fue a la primera cabina que había. Lo seguí:
-Hola, es tu primera vez aquí?-me preguntó
– si, jajajaja estoy un poco nervioso
– Mmm bueno tranquilo, que te gusta?
-Soy versátil aunque más pasivo
– Perfecto
En ese momento, y sin previo aviso, cerró la puerta detrás mío, me cogió fuerte la cabeza y me obligó a agacharme y lamerle los pantalones. No me lo podía creer, estaba haciendo lo que veía siempre en las películas porno, y me estaba encantando!
Cuando el bulto de su pantalón se hizo enorme, cogió mi cabeza, la echó para atrás, se bajó los pantalones y calzoncillos y cumplió mi mayor deseo…me abrió la boca y me la metió de golpe hasta el fondo de la garganta.
Enseguida tuvo que quitarla porque yo, con 20 años y poca experiencia, no me había metido tal rabo en mi vida, y eso se notaba.
Tras hacer lo mismo un par de veces y abrir mi garganta, la cosa empezó a fluir, me baje los pantalones y empecé a pajearme salvajemente mientras su rabo no paraba de entrar y salir de mi boca. Cuando llevábamos 10 min asi, no aguanté más y me corri.
El cubano, ya sin camisa y con el torso sudado, sacó su herramienta descomunal y yo cerré los ojos esperando su corrida, algo que deseaba desde que lo vi entrar.
Sin embargo, lo que pasó fue algo mucho mejor: me dio una hostia en la cara, me llamó zorra, me levantó, me empujó contra la pared y me metió su rabo hasta el fondo de tal manera que empecé a gritar como nunca.
-Calla puta
-me duele mucho tío
-Te jodes, eres mia y hasta que no me corra es lo que hay
Y empezó a follarme de forma salvaje, sin dejar que me moviera lo más mínimo, desgarrando mi culo, solo follado dos veces hasta ese momento, mientras me tapaba la boca y yo lloraba de dolor.
En ese momento abrió la puerta para que nos vieran follar. De repente, entre el público apareció un chico alto, de unos 40, bien marcado y con pinta de pollon y mi cubano, en pleno éxtasis , le mandó entrar.
Cuando ya estábamos los tres, cerró la puerta, me puso delante del otro sin dejar de darme y me obligó a tragar el rabo del cuarentón, que efectivamente tenía un rabo largo , unos 19, y muy gordo, que me destrozó la garganta hasta que la sacó y se corrió en mi cara con unos gemidos que se oyeron en todo el local.
Yo estaba en éxtasis , no quería que eso acabara, follado duramente por un cubano tremendo y con la cara llena de leche de un madurito de película que bien me vendría para mis momentos de soledad en Vigo.
-Zorrita, me voy a correr
– Si papi, no puedo más
Entonces me inclinó hacia delante, me cogió por la cintura con una mano y el pelo con la otra, y con tres embestidas sacando toda la polla y volviendo a meterla entera, el cubano me preñó.
Cuando acabó se subió los pantalones, me azotó el culo y se fue, dejándome abierto y con un dolor como nunca había sentido…pero con intención de volver a barcelona cuanto antes para volverlo a veru

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